¡¡ESTOY HECHA UNA VACA!!
Son muchas las mujeres que no están a gusto con su cuerpo y por tratar de cambiarlo son capaces de jugar con su salud.

El hecho de que miles de mujeres, especialmente adolescentes de entre 13 y 18 años, padezcan de enfermedades traumáticas como lo son la bulimia y la anorexia; no es sólo una cuestión de actitud propia. Es una problemática social de la que nadie se hace cargo, cuya raíz es el inconsciente colectivo, manipulado y moldeado a gusto y voluntad de los medios.
Según varias encuestas, 2 de cada 4 mujeres se sienten víctimas de los kilos de más... Parecería ser que nadie puede escaparse del odioso título de gordita o rellena. Lo peor de todo es que en la mayoría de los casos, este sobrenombre autodesignado del que muchas se avergüenzan, no refleja la realidad.

Una lista interminable
Esto se debe en primer lugar, al mensaje constante difundido por las publicidades, en dónde la flacura exagerada, los músculos notoriamente trabajados y la apariencia moderna, serían indudablemente un pasaporte a la fama y la felicidad.
Si tendrían que vivir de acuerdo a lo que estos transmiten, a modo de imposición: se levantarían temprano para no perderse el programa de aeróbic matutino, desayunarían con cereal “es la mejor forma de empezar el día”, se encremarían de pie a cabeza “una para la celulitis, otra para las estrías y otra que quema las grasas mientras vos hacés tu vida normal ... Al mediodía almorzarían sólo un yogurt ¿para qué más?, y hasta finalizar el día, la lista seguiría en el mismo sentido.

Ante este panorama crítico, resulta imprescindible hacer un replateo de la situación, poniendo en tela de juicio estos nuevos valores impuestos por las publicidades; que no son nada más que meras superficialidades. Hoy en día la gordura es un tema candente en la mentalidad femenina ... Es tanta la necesidad de cumplir con la imagen estereotipada de mujer que busca satisfacerse a costa de cualquier cosa, incluso de la salud.

Ya es hora de que dejemos de asignarle tanta importancia a cuestiones como estas y nos preguntemos verdaderamente si nuestro cuerpo merece someterse a todos esos maltratos, por el simple hecho de cumplir con un modelo impuesto por quienes tratan de manejarnos y organizarnos la vida.

Ma. Magdalena G. Brescia.
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